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Una argentina de 80 años recorre Latinoamérica en su motorhome

“Voy a vender todo y comprarme un motorhome”. Así empezó el sueño de Sara Vallejos, la tucumana que se lanzó a recorrer América Latina y hoy es fuente de inspiración para millones de personas en todo el mundo.

Muchos lo piensan pero pocos tienen el coraje para hacerlo realidad. Sara Vallejos es de las pocas valientes que se animó: a los 80 años vendió todas sus pertenencias – incluida su casa – y se compró un motorhome para recorrer Latinoamérica y disfrutar de su jubilación viviendo el presente, sin quedarse quieta.

Su historia recorrió el mundo entero. Desde que le dijo a sus hijos “voy a vender todo y comprarme un motorhome”, la idea empezó a crecer en su cabeza y es así como un día anunció una venta de garage donde se deshizo de todas sus pertenencias, incluida su casa, para cumplir el sueño inquieto de lanzarse a la ruta. “El viaje se va haciendo al andar”, explicó la tucumana a La Nación.

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Atravesada la barrera económica, el siguiente paso era conseguir un motorhome que le gustara. Lo encontró en Estados Unidos y lo compró a partir de las fotos que veía. Su casa rodante está equipada con una cama matrimonial, un sillón cama de dos plazas, un baño con ducha, varios armarios, cocina con dos hornallas, un microondas, un televisor y un equipo de audio. Su nuevo hogar cruzó el Río de la Plata para comenzar el camino en Montevideo, acompañado de un matrimonio amigo y una conocida de ellos.

 “En dos meses recorrí 12.000 km hasta Salvador de Bahía. Visitamos las playas de Uruguay, nos quedamos en Santa Ana en la casa de una amiga y de ahí seguimos para varias localidades del sur de Brasil: Río Pardo, nos encontramos con amigos en São Lourenço, recorrimos las playas de Florianopolis, después Buzios, Río de Janeiro, Ouro Preto, Niterói, Belo Horizonte y de allí vinimos por la costa hasta llegar a Salvador donde tenemos amigos de muchísimos años”, explicó al diario La Nación.

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No todo es color de rosas en estos sueños. Alimentar el motorhome le cuesta 100 dólares cada dos días, un presupuesto que una jubilada no puede permitirse. Para ayudarse a pagar los gastos, lanzó un proyecto de financiamiento colectivo a través de las redes sociales, por ejemplo, vendiendo calcomanías con su cara que dicen: “80 años no son nada”.

Su hermano menor escribió en la página de Facebook que ya cuenta con casi 29 mil seguidores: “Queremos ayudarla entre todos a que pueda seguir soñando, viajando y motivándonos con su ejemplo.El calco es para pegar en la luneta o carrocería del auto, en la tablet, en el celular (si es grande). En la heladera, en los vidrios de la casa, en la carpeta de la escuela, etc. para recordarnos que si Sara tiene sueños y se anima, nosotros también los tenemos guardados y mientras esperamos realizarlos sin importar la edad ayudamos a esta “sin edad” que nos sorprende todos los días.”

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“Viajar es más que conocer un lugar, es conocer su gente, vivenciarlo a fondo”, dijo Sara a La Nación: “sus comidas, sus olores, sus paisajes, sus amaneceres, sus puestas de sol, en fin, todo lo que te brinda un lugar que te enamora de otra manera”.

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